te lo pide el cuerpo Quim Vicent

Lo confirman las estadísticas de la Seguridad Social local sobre incapacidad laboral. El dolor de espalda en hombres y el dolor articular en mujeres son los dos grandes caballos de Troya de la salud laboral. También es verdad que cuantificar el dolor emocional y manifestarlo cómo, dónde y ante quien toca es algo que ni nos planteamos hasta que no es muy tarde.

Según un estudio sobre el dolor, la rigidez articular, la inflamación se ha instalado como algo común en algo más de la mitad de la población. Afortunadamente en muchos casos es moderado. Pero el treinta por ciento de las mujeres con artritis padecen un dolor severo. A partir de los 18 años según (Jafarzadeh 2017) más de uno de cada dos hombres puede padecer artritis y en el caso de las mujeres más de dos de cada tres. En los artículos consultados, al parecer, un combinado de patologías acompaña el padecimiento de la artritis. La inflamación articular aparece en la mitad de las personas que padecen lo que se llama una salud delicada o pobre. Se da en una de cada tres personas con obesidad o con enfermedades cardiacas. Diagnosticada en cuatro de cada diez personas con diabetes. Estas patologías pueden ser aisladas o ir combinadas. Es fácil que una obesidad severa, sobrecargue el corazón, explique una diabetes tipos dos y que haya dolor articular e hinchazón. Pero quiero poner el acento en algo que también está reconocido científicamente (Barbour,2016) el 56’5% de las personas con artritis padecen un estrés psicológico grave. Y lo que es peor, probablemente esa situación de alerta emocional es tan duradera y está tan normalizada, que ni siquiera son conscientes. Estamos hablando exclusivamente de casos diagnosticados y todos sabemos que también hay muchos casos sin etiquetar. Lo que da escalofríos es que las previsiones avaladas por rigurosas fórmulas científicas señalan que en 2040 las cifras se habrán disparado un 30% más.

Mi trabajo y el de mis colegas está destinado a frenar estas aciagas perspectivas, proponemos cambios en el estilo de vida y no porque lo digamos nosotros sino porque “te lo pide el cuerpo”.

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