aprende a escuchar tu cuerpo Quim Vicent

¿No os parece una locura la cantidad de recursos informativos, tecnológicos y operativos con los que nos topamos cada día? No me voy a poner a hacer un listado de las palabras inglesas que designan cosas que poco a poco se van haciendo imprescindibles en nuestras vidas. Como no podría ser de otra manera, muchas aplicaciones de los móviles (las apps creadas por startups para smartphones) se están orientando a monitorizar, conocer, promover y mejorar nuestra salud.

Leo en el Tendencias de la Vanguardia del 20 de octubre que unos personajes digitales, a modo de avatares, van a ir convirtiéndose en nuestros asistentes de bienestar y cuidado personales. Dice el artículo que existen unas 325.000 aplicaciones vinculadas a la salud. Obviamente no todas fiables, de hecho, hay una entidad que las analiza y valida, o no, según distintos parámetros.

Creo que esto de convertir una utilidad del teléfono móvil en un asistente para la salud tiene que tomarse con moderación. Bueno, un poco, como todo en la vida. Es decir, que no lo podemos rechazar de plano ni adoptarlo como una receta milagrosa. También muchas informaciones insisten en que los humanos somos insustituibles por muy habilidosos que sean los robots o las creaciones tecnológicas. Tampoco los profesionales debemos claudicar de nuestro papel de cuidadores ni permitir que la máquina intermedie en nuestra relación. Un poco “Aprende a escuchar tu cuerpo” pretende lo contrario: quiere que la relación entre tu yo interno, tu cuerpo, tus emociones y tu manera de estar en el mundo estén lo más conectadas posible a un nivel íntimo. Se trata de que tú – y si quieres con un empujoncito nuestro – seas más tu que nunca, más autónomo, más feliz y más capaz que nunca.

Parece que algunas utilidades para el seguimiento de las variaciones de la glucosa en sangre son muy interesantes. Personas que sufren diabetes, malaria, hemofilia e incluso enfermedades psicológicas y psiquiátricas se benefician del seguimiento online. De entre las aplicaciones valoradas por la Fundación iSYS me llama la atención la llamada Cachtmypain, una especie de diario del dolor. La desarrolla una empresa privada en colaboración con instituciones suizas. Como muchas otras empresas toman los datos generales, no sensibles, para obtener muestras comercializables sobre el comportamiento y la evolución del dolor. Es bueno como terapeuta tener una información rigurosa de las sensaciones de los pacientes, incluso recomiendo hacer un registro que permita recoger lo que el cuerpo nos dice, lo que escuchamos del cuerpo, pero nada puede sustituir el cara a cara, la mirada sincera, el gesto transparente y todo aquello que no saben hacer las máquinas.

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