Una de las experiencias más intensas de todo ser humano acontece cuando más frágil es: el nacimiento. Un parto eutócico (palabra técnica para describir un alumbramiento sin complicaciones) es un milagro en sí mismo. No en vano nuestro inmenso cráneo precede a nuestro cuerpo a través del canal del parto, que es la dilatación extrema de la estructura pélvica de la madre y sus órganos reproductores, excretores y sexuales. Qué palabras tan feas para algo tan bonito. Un parto, por bueno que sea, fuerza las estructuras, y de ahí que los osteópatas seamos tan necesarios para la madre y para el recién nacido. Podemos evaluar a las mujeres que desean ser madres y a las embarazadas para propiciar tanto la concepción como la evolución óptima del proceso. Tras dar a luz también podemos intervenir en la reintegración de estructuras y tejidos. Los bebés pueden sufrir hiperextensiones cervicales que pasen inadvertidas y sean la causa de síntomas y molestias mal atribuidas.

Me encanta tratar a pequeños. Resulta muy agradecido: permite obtener grandes resultados y prevenir males mayores. No se trata de venir a consulta cada semana si no hay una patologia que indique lo contrario, pero un seguimiento osteopático regular encarrila la salud de los que más queremos.

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