Una de las experiencias más intensas de todo ser humano acontece cuando más frágil es: el nacimiento. Un parto eutócico (palabra técnica para describir un alumbramiento sin complicaciones) es un milagro en sí mismo. No en vano nuestro inmenso cráneo precede a nuestro cuerpo a través del canal del parto, que es la dilatación extrema de la estructura pélvica de la madre y sus órganos reproductores, excretores y sexuales. Qué palabras tan feas para algo tan bonito. Un parto, por bueno que sea, fuerza las estructuras, y de ahí que los osteópatas seamos tan necesarios para la madre y para el recién nacido. Podemos evaluar a las mujeres que desean ser madres y a las embarazadas para propiciar tanto la concepción como la evolución óptima del proceso. Tras dar a luz también podemos intervenir en la reintegración de estructuras y tejidos. Los bebés pueden sufrir hiperextensiones cervicales que pasen inadvertidas y sean la causa de síntomas y molestias mal atribuidas.

Me encanta tratar a pequeños. Resulta muy agradecido: permite obtener grandes resultados y prevenir males mayores. No se trata de venir a consulta cada semana si no hay una patologia que indique lo contrario, pero un seguimiento osteopático regular encarrila la salud de los que más queremos.

Ya está en mis manos uno de los primeros ejemplares del libro en el que he estado trabajando. Siento un enorme agradecimiento hacia todos los que han participado en él,  desde los primeros pacientes de mi vieja consulta hasta los responsables de RBA. Resulta impresionante ver tu propia mano en una portada y seguir las líneas de un texto que me costó un año escribir. Entiendo que ha acabado una fase desafiante e íntima y ahora empieza una fase mejor. Ahora es el momento de multiplicar las interacciones con personas que me importan porque se importan a ellas mismas.

Leer el libro Aprende a escuchar tu cuerpo es dar un primer paso para cuidarse, entenderse, iniciar una ruta hacia una salud responsable e integral. Todo el esfuerzo invertido carece de sentido sin la participación de los valientes que aceptan el desafío de tomar su salud, sus emociones y sentidos en sus manos. No debemos estar en manos de ninguna persona, ni de médicos ni de nadie. Debemos ser soberanos en nuestro reino tridimensional: físico, psíquico y espiritual. Escuchar es un arte que no debe ser limitado sino potenciado; podemos oír los ruidos pero lo que más aporta procede de la escucha que trasciende los oídos.