Los que me conocen bien saben que soy un forofo del fútbol. De hecho, hubo un tiempo en que no descartábamos que pudiese dedicarme a ello en serio. Uso la primera persona del plural porque incluyo a los que, sabiendo de qué iba la cosa, veían en mí potencial. Actualmente disfruto del fútbol como espectador y me mantengo en forma haciendo ejercicio. Es muy importante sentir que cuidas de tu cuerpo y lo compensas del sedentarismo y del estrés de otro tipo de funciones. Como osteópata debo cuidar especialmente bien de mi físico para mantener la fuerza y sensibilidad precisas en los ajustes.

Acabo de leer un libro sobre la felicidad que se experimenta corriendo, de un conocido periodista deportivo catalán que se llama Arcadi Alibés. El libro es muy ameno. En sus dos primeras partes relata su experiencia como corredor de Maratones, su tesón, cómo consiguió entrar en el Club de los 7 Continentes (América divida en dos, Norte y Sur, más la Antártida). Explica con cierto entusiasmo cómo consiguió superar la “marquitis”, esa obsesión por mejorar la marca personal rebajando cada vez más el tiempo invertido en recorrer 42195 metros. En la tercera parte, al menos en cuatro ocasiones recomienda “escucha a tu cuerpo”. No puedo estar más de acuerdo. Él lo propone para evitar lesiones. Afea la costumbre de negar el dolor, de no hacer caso a las señales de alarma. Padeció dos lesiones graves en los gemelos que le contrariaron pero también lo hicieron más sabio. Arcadi es un buen ejemplo de saber escuchar el cuerpo y de conseguir grandes metas a cambio.

Leo en El Periódico el artículo de una escritora que se llama Care Santos. Argumenta la dificultad para entregar un original a la editorial y que los lectores finales no detecten una errata. Cuenta la anécdota de que Juan Ramón Jiménez paró una impresión en pleno proceso para corregir una coma.

Cuando apenas me recupero de la pesadilla de las correcciones me doy cuenta de que el rigor es amigo y la intolerancia enemiga. Con el trabajo de poner negro sobre blanco las ideas, el parto de la estructura, la renuncia a muchos párrafos porque no adquieren la suficiente relevancia, las decisiones sobre lo personal y lo universal, evitar los malentendidos, no dejar las historias a medias… Una coma, un error de concordancia, unas letras intercambiadas y algún acento se debe perdonar, sobre todo si no es intencionado, repetitivo o confunde. Por mil veces que tus ojos pasen por el texto no detectas el error y es maravilloso que no dependa sólo de uno el resultado final. Gracias a todos los obsesivos y obsesivas que han revisado el texto de mi libro porque sin ellos nadie estaría tan contento. Sin un equipo, por mucho que uno se esfuerce, nunca se llega tan lejos como con el grupo.

Este año está siendo trascendente en lo que tiene que ver con las relaciones entre hombres y mujeres. Muchos acontecimientos desagradables han visto su contrapartida en la capacidad de reacción de las mujeres que denuncian y de los hombres que las apoyan. Somos una mayoría los que nos respetamos los unos a los otros, y esto no es fruto de un esfuerzo extraordinario sino de la comprensión de que no puede ser de otra manera.

Como comento en el libro, me siento afortunado por estar rodeado de mujeres en mi vida personal y por supuesto en la profesional. A la consulta acuden tanto hombres como mujeres. Esto me permite ser un testigo privilegiado de los cambios que afectan a la intimidad de las personas. Muchos hombres se ven liberados de las restricciones que imponía un modelo pasado de masculinidad. Muchas mujeres descubren su derecho a negarse (sin culpa) a peticiones inoportunas o gestos inadecuados. Entre los problemas que el cuerpo refleja con el dolor está esa falta de libertad que afortunadamente hoy está más cerca de su fin. El futuro habla de personas y no de estereotipos.

Estoy muy contento con la acogida que está teniendo mi libro, a muy pocos días de haber sido publicado. Ya lo ha leído gente cercana y algunos de mis pacientes. Muchos me agradecen que no sea sesudo pero tampoco flojo. Algunos que me reprochaban mi exceso de concentración mientras lo estaba gestando me dicen que ha valido la pena. Uno de los que ha hecho una de las primeras manifestaciones públicas de apoyo es Xevi Verdaguer, el reconocido neuropsicoinmunólogo. Es un terapeuta brillante y un buen compañero. Ha hecho mucho por sus pacientes y también por la profesión. Ha divulgado con gran talento una ciencia cargada de certezas y soluciones.

En el capítulo que dedico en el libro a la salud intestinal reflejo someramente lo mucho que debemos a la observación de los deshechos corporales, algo que no es para nada nuevo pero por un pudor impostado se despreció. Más que lo que dices, qué comes habla de ti: tu aparato excretor y los cambios positivos que incorpores se reflejarán automáticamente en algo que nos iguala a todos los humanos y a los animales. Así como no puede haber una casa sin taza de váter no puede haber un chequeo completo sin preguntar por el patrón intestinal.

En un suplemento de La Vanguardia leí un artículo muy bien hecho de Leticia García. En él da datos sobre una cosa de la que ya hablo a mi libro. Soy sensible a la atractivo de una mujer que haya escogido ponerse tacones pero a la vez me conmueve mucho más cualquier aspecto femenino que no implique el sacrificio de su salud. Los tacones utilizados de manera continúa todo el mundo sabe que son perjudiciales. Además de la pérdida de contacto con la tierra y la falta de estabilidad se fuerzan todas las estructuras locomotrices des de los dedos hasta el caderas y también la columna.

Tiene que ser la persona quien escoja qué quiere para su vida no la etiqueta, ni la necesitad de gustar ni las convenciones.

Felicito a las mujeres que en un momento dado, sea sobre una alfombra roja o en el supermercado hacen saber que la altura y la elegancia radican en quién son y en qué piensan y no en la distancia de sus talones sobre el suelo.

No cabía ni un alfiler. El espacio habilitado en la “Casa del Libro” para acoger a todos los amigos, familia, colegas, gente guapa, pacientes y lectores vivió uno de sus eventos más exitosos. La presentación de Aprende a escuchar tu cuerpo en la Rambla de Cataluña de Barcelona fue magnífica. Muchas ganas, buen clima emocional e intelectual. Tampoco faltó la interacción con el público ni la interpelación de Iosu de la Torre al autor Quim Vicent.

Algunos testimonios de pacientes generaron mucha emoción por su desatada generosidad. La larga cola de compradores y de peticiones de firmas sorprendió al mismo Quim Vicent. El libro empieza con muy buen pie un largo camino que será provechoso para todo el mundo, y también para PALLAPUPAS, la ONG beneficiaria, que compartió un simpático vídeo de agradecimiento.

¡Gracias a todo el mundo!

Una de las experiencias más intensas de todo ser humano acontece cuando más frágil es: el nacimiento. Un parto eutócico (palabra técnica para describir un alumbramiento sin complicaciones) es un milagro en sí mismo. No en vano nuestro inmenso cráneo precede a nuestro cuerpo a través del canal del parto, que es la dilatación extrema de la estructura pélvica de la madre y sus órganos reproductores, excretores y sexuales. Qué palabras tan feas para algo tan bonito. Un parto, por bueno que sea, fuerza las estructuras, y de ahí que los osteópatas seamos tan necesarios para la madre y para el recién nacido. Podemos evaluar a las mujeres que desean ser madres y a las embarazadas para propiciar tanto la concepción como la evolución óptima del proceso. Tras dar a luz también podemos intervenir en la reintegración de estructuras y tejidos. Los bebés pueden sufrir hiperextensiones cervicales que pasen inadvertidas y sean la causa de síntomas y molestias mal atribuidas.

Me encanta tratar a pequeños. Resulta muy agradecido: permite obtener grandes resultados y prevenir males mayores. No se trata de venir a consulta cada semana si no hay una patologia que indique lo contrario, pero un seguimiento osteopático regular encarrila la salud de los que más queremos.

Ya está en mis manos uno de los primeros ejemplares del libro en el que he estado trabajando. Siento un enorme agradecimiento hacia todos los que han participado en él,  desde los primeros pacientes de mi vieja consulta hasta los responsables de RBA. Resulta impresionante ver tu propia mano en una portada y seguir las líneas de un texto que me costó un año escribir. Entiendo que ha acabado una fase desafiante e íntima y ahora empieza una fase mejor. Ahora es el momento de multiplicar las interacciones con personas que me importan porque se importan a ellas mismas.

Leer el libro Aprende a escuchar tu cuerpo es dar un primer paso para cuidarse, entenderse, iniciar una ruta hacia una salud responsable e integral. Todo el esfuerzo invertido carece de sentido sin la participación de los valientes que aceptan el desafío de tomar su salud, sus emociones y sentidos en sus manos. No debemos estar en manos de ninguna persona, ni de médicos ni de nadie. Debemos ser soberanos en nuestro reino tridimensional: físico, psíquico y espiritual. Escuchar es un arte que no debe ser limitado sino potenciado; podemos oír los ruidos pero lo que más aporta procede de la escucha que trasciende los oídos.