Quim Vicent Cuerpo y Mente

Aquí os ponemos en enlace a la versión digital de la entrevista que tantas alegrías nos ha dado a los editores de “CuerpoyMente”, a mí y sobre todo espero que a los lectores. El titular es «El cuerpo nos informa claramente de nuestras emociones» y apostillan de mi boca: “un síntoma no debería ser nuestro enemigo, sino un aliado que avisa de que algo no funciona bien. Por eso es importante escuchar al cuerpo y estar atentos a lo que nos dice”.

Los que me seguís en redes sociales, en Instagram @QuimVicentSardinero por ejemplo, ya habréis visto cómo en casa disfrutamos de ver la entrevista en papel y claro está de la revista entera. Está supercuidada, a nivel gráfico ha conseguido crear una identidad, pero sobretodo la sigo por que conoces a profesionales muy interesantes que reflexionan y profundizan en algo que a estas alturas compartimos como pasión: La relación cuerpo mente, su manifestación como salud, enfermedad, las consecuencias de las elecciones que hagas respecto a tu estilo de vida y la energía que inviertas en “Aprende a escuchar tu cuerpo”. Gracias Aurora Gonzalo, no es la primera ni la segunda vez que te lo agradezco, pero no será la última, seguro.

Quim Vicent artrosis

Uno de cada cuatro norteamericanos, según datos recogidos en 2016, sufren artritis. Estos son datos recientemente publicados sobre una muestra que alcanza el 95% de la población. Eso quiere decir que muchas personas de esa parte del continente sufren dolor, rigidez, limitación en el movimiento e incluso hinchazón. Todos estos síntomas podrían explicar una reducción de la movilidad, del ejercicio físico, del rendimiento laboral y de la participación en actividades sociales. Y es algo que podemos cambiar. Como cuento en mi libro “Aprende a escuchar tu cuerpo” hay esperanza para mejorar la salud si estás dispuesto a comprender qué te explica el cuerpo a través del dolor, qué te callas y cómo vives.

Dejadme seguir comentándoos los datos. En aquellos estados donde hay un menor nivel cultural y un menor nivel económico se dan cifras tan escalofriantes como la afectación de uno de cada tres adultos mayores de 18 años. En todo muchos lugares, pero especialmente en EEUU es más barato comprar comida muy procesada, con alto contenido de grasas, proteínas de baja calidad y azúcares cargados de elementos inflamatorios que frutas y verduras. Las compañías de comida rápida ofrecen menús con productos que deberían tener un coste alto – ya que se consume mucho pasto, mucha agua, mucho transporte y mucha maquinaria- a precios irresistibles para algunos y los únicos asumibles para otros. Patatas fritas, carne triturada, pan endulzado y refresco con burbujas en grandes porciones a precios ridículos. Todo ello acompañado de un marketing universal, colorido machacón con juguetes coleccionables para niños y a veces hasta miniparques de atracciones. Son unos cracs los equipos de desarrollo de esas empresas para hacer parecer atractivo lo que en realidad es un horror, sobre todo si se abusa. Personal sobrecargado, largas colas, comida sin alma, espacios estridentes, todo pensado para que entres consumas y te vayas.

Son tan caras y tan exóticas las frutas y verduras (las patatas, las calabazas y el arroz no cuentan) para algunos norteamericanos que existen entidades que están enseñando a plantar huertos en las áreas terrosas de las aceras. Hay niños que nunca habían visto un tomate, un pepino o una lechuga. Para ellos seguir el proceso del trabajo de la tierra, el sembrado, el riego, la maduración y la recogida de los frutos está siendo una experiencia insólita y muy estimulante. No dejemos que las grandes compañías dicten nuestras dietas, recurramos a los productos de proximidad, lo más ecológicos y naturales posibles. No olvidemos nunca la fibra, como decimos los psiconeuroinmunólogos nuestras cacas nos dicen mucho de nuestra salud. Cocinémoslos nosotros mismos, eso nos aportará mucho más que la ausencia de dolor y mucho más que una pastilla que ahoga el grito del cuerpo que nos pide no más comida basura.

Dolores Quim Vicent

Las mujeres son especialmente tolerantes al dolor, sin embargo, el dolor articular incapacita a muchas de ellas. Las mujeres siguen llevando mucho peso encima y no me refiero al IMC, al índice de masa corporal, me refiero a peso moral y de trabajo. La crianza de los niños, la atención de los mayores, los acompañamientos en las crisis de salud de los allegados sigue siendo femenina. Por mucho que hayamos introducido en nuestro vocabulario la palabra conciliación y cuidemos algunos gestos para que parezca que estamos más implicados, por mucho que los hombres empecemos a sentirnos culpables de no haber aportado la mitad exacta de implicación en la casa y nuestros hijos sigue sin ser lo mismo. Estoy generalizando, lo sabéis, hay excepciones de padres superpadres. Pero, siendo honestos, lo que abundan son las supermadres o las supermujeres. La maternidad no es obligatoria como tampoco es obligatorio que ser madre sea estresante. Lo que sí que te da muchos números para estar estresada es ser mujer. Más si el dinero no te llega (la brecha salarial), si tu profesión no te llena (techo de cristal) cuesta comunicarse bien con el entorno por falta de interlocutores, valor o tiempo. Lo que te queda más a mano es comida que no te conviene o te frustrarte al negarte caprichos calóricos que te sacarían de la talla 40.

Los hombres también sufrimos dolor pero estamos tan poco acostumbrados a reconocerlo, expresarlo y combatirlo de modo sano que seguimos mirando con cariño deportes en los que sus practicantes no sufran dolor y mucho. No me refiero sólo al boxeo o las ultramaratones el futbol -que particularmente me apasiona- raramente salen completamente ilesos todos los jugadores de un partido. Sobre el dolor emocional…ese lo expresan claramente nuestros cuerpos y por eso debo recomendar mi libro “Aprende a escuchar tu cuerpo”.

Hace poco leí un artículo sobre los enormes resultados que están obteniendo colegas ostéopatas especializados en animales, en ese caso concreto se trataba de caballos. Mi interés primordial son las personas, ya lo sabéis. Sabéis también que disfruto con humanos de todas las edades y condiciones. Pero entiendo que trabajar con animales no humanos es una gran oportunidad para demostrar la eficacia de de nuestra disciplina. Los animales, como los niños, no mienten. No pueden ser acusados de estar bajo el influjo del efecto placebo. No sé como es trabajar, con perros, gatos o caballos, nos falta la palabra que es algo que siempre reivindico, pero estoy seguro que los colegas incluso sin palabras comunican con sus pacientes y estos reconocen las intenciones y las curas. Osteópatas se están incorporando al elenco de expertos que tratan animales usados en la competición. Los atletas humanos o no humanos se benefician también de la magia y de la ciencia de la osteopatía La gente que necesita competir no suele dar puntada sin hilo.

Dialogo por Quim Vicent

Hoy escribo motivado por una autora muy interesante, hija de un hombre no menos interesante y que van camino de fundar la saga de sabios: los Punset. Este post me lo ha inspirado Elsa, no Eduard el eminente divulgador científico. En una cápsula televisiva emitida ya hace años en un programa en el que también participé «Entre todos la dos”, Elsa Punset lanzaba una pregunta al aire: » ¿Qué has hecho el día de hoy para cuidar de tu mente?» A diferencia de actividades por todos reconocidas como imprescindibles para el cuerpo como: dormir, lavarse o comer estamos muy poco comprometidos con la sala de mando de tantas de nuestras apuestas y actos: las emociones. Las emociones las ignoramos, las restringimos, las reubicamos, las aplastamos o simplemente las despreciamos. Y así nos va.

Las emociones, bien lo saben los que se dedican al neuromarketing, son las que determinan muchos de los compromisos financieros que adquirimos, sobre todo los más importantes. Como os cuento en el libro «Aprende a escuchar tu cuerpo» son las emociones las que os traen a mi consulta, aunque no soy psicólogo – por cierto, mi hermano Xavier que trabaja en Arvila Magna sí lo es -.  Tú y yo nos vemos y trabajamos juntos por que en algún momento, una o más emociones no tuvieron en ti el eco que merecían y han solo han encontrado una rendija para la escucha a través del síntoma físico.

Para Elsa Punset aprender a cuidar y entrenar nuestra mente es el gran reto del siglo XXI. La escritora y filósofa apunta la necesidad de la empatía y como método para practicarla propone la escucha atenta. Escuchar al menos unos minutos a alguien otro sin juicio, sin interrumpir, sin apostillar, en un lugar adecuado, sin distracciones y con una postura cómoda, Elsa nos propone pasar diez minutos prestando total atención a alguien con quien haya confianza. Nos pide crear un espacio relajado, con total atención y respeto. Que las interrupciones no lo sean ni verbales ni gestuales. «Cuando te sientes escuchado, te sientes respetado, ahí se crea un vínculo de confianza con quien te escucha y se abre una oportunidad para resolver tus conflictos». Elsa Punset ha explicado muy bien algo que predico y práctico, es bueno para mi vida profesional y para mi vida personal. Es algo lo que todos somos capaces. Aunque sin un entrenamiento consciente podemos dejar que se nos escape la vida sin experimentarlo.

Aprende a escuchar tu cuerpo Quim Vicent para Pallapupas

Angie Rosales fundadora de Pallapupas

Los beneficios generados por la venta de mi libro «Aprende a escuchar tu cuerpo» son incontables y uno de los más importantes es porque contribuye a la maravillosa tarea de los Pallapupas. Un video suyo en la presentación del libro en la casa del ídem amenizó el gran evento y nos elevó más si cabe el ánimo.

La organización sin ánimo de lucro llamada Pallapupas – humor de hospital y teatro social- surgió con la intención de chutar de optimismo a las personas de todas las edades que por problemas de salud están viviendo sus horas más aciagas. Es muy grande la capacidad terapéutica de los profesionales del humor, ¿y por qué no? del amor, que acompañan sorpresivamente y con destreza las esperas en los servicios sanitarios más exigentes emocionalmente. Y lo que era un secreto a voces, una realidad percibida tiene ahora la validación científica. No me sorprende, pero me alegra.

Leo literalmente: “Un estudio elaborado por la Unidad de Psicooncología del ICO revela que la intervención de los payasos de hospital reduce la tristeza y el aburrimiento y aumenta la felicidad y la risa de los pacientes enfermos de cáncer”. Es algo que han constatado tanto en aquejados y familiares como en los profesionales. De pronto estos artistas se convierten en los mensajeros de esperanza y alegría que tanto ayudan a la sanación. ¿Os podíais imaginar que casi 70.000 personas se han beneficiado en estos tres últimos años de la carga positiva de los miembros de Pallapupas.org?

Vender muchos ejemplares del libro no sólo significa llegar a más gente, sentir que más personas incrementan su capacidad para responsabilizarse de su salud, para encontrarse mejor para reconciliarse con su cuerpo. Si multiplicar las ventas puede servir para que los Pallapupas, grandes ya de por sí, puedan ser más grandes y llegar más lejos entenderéis el porqué de la primera frase de este post: “Los beneficios generados por la venta de mi libro «Aprende a escuchar tu cuerpo» son incontables”.

Quim Vicent Aprende a escuchar tu cuerpo

Un fenómeno nuevo, o no tan nuevo, son los influencers. No es una figura que conozca mucho por que la revolución digital y el criterio sobre las cosas me pide más desconectarme, al menos un poco, que enchufarme al tsunami de información. No puedo promover que escuchemos nuestros cuerpos y pasarme la vida descentrado.

Los adolescentes (no en vano adolecer es tener una carencia) ven en personas con carisma y arrojo modelos que les divierten y les inspiran. Los adolescentes necesitan diferenciarse de las generaciones precedentes y hablan, se mueven, visten y parece que ven el mundo según su prisma particular. La revolución hormonal tiene en este momento un loco apogeo. Los adolescentes vienen poco a las consultas pero cuando lo hacen suelen obtener un gran rendimiento.

No podemos minusvalorar el poder que ejercen estos elegidos, entre otras cosas por que todos queremos ser influencers. Cuando uno trabaja, escribe o comunica uno quiere ejercer con mayor o menor intensidad una influencia, y para los que nos dedicamos a la salud es casi una necesidad. Cuando comprendes el daño que hacen ciertos hábitos y el bien que promueven otros te encantaría «convencer» a todos que tomen el camino de la salud, que apuesten por el autocuidado.

Me gusta, y en eso coincido con mis colegas de Arvila Magna, explicar qué sentido tiene lo que recomiendo por que más allá de la influencia está el libre albedrío, la conciencia personal y el apego o no al estar bien. No puedo acabar este post sin recordar a una sevillana que conocí hace medio año @Marialeonstyle. Resulta que ella es Influencer de verdad y más que los k de seguidores que pueda tener (no le falta mucho para 100.000) me importa su simpatía, su inteligencia y su naturalidad.

Quim Vicent Aprende a escuchar tu cuerpo

El domingo, en un viaje relámpago a Madrid tuve la oportunidad de ofrecer una ponencia en Biocultura. Fue un éxito. Había mucho público y su calidez compensó con creces el frío mesetario. Hablé sobre «Cómo prevenir y aliviar los síntomas que afectan al cuerpo».

Pude invitar a los asistentes a prestar atención a los mensajes que les manda el cuerpo. Mi objetivo era que comprendieran sus dolencias, sus enfermedades o disfunciones y cómo corregirlas. Se trata de un público muy especial el que acude con regularidad a este tipo de eventos y eso se nota. Pero a decir verdad las charlas me gusta darlas en todo tipo de contextos. BioCultura, es muy importante a nivel europeo. Es una Feria Internacional de Productos Ecológicos y Consumo Responsable.

aprende a escuchar tu cuerpo Quim Vicent

¿No os parece una locura la cantidad de recursos informativos, tecnológicos y operativos con los que nos topamos cada día? No me voy a poner a hacer un listado de las palabras inglesas que designan cosas que poco a poco se van haciendo imprescindibles en nuestras vidas. Como no podría ser de otra manera, muchas aplicaciones de los móviles (las apps creadas por startups para smartphones) se están orientando a monitorizar, conocer, promover y mejorar nuestra salud.

Leo en el Tendencias de la Vanguardia del 20 de octubre que unos personajes digitales, a modo de avatares, van a ir convirtiéndose en nuestros asistentes de bienestar y cuidado personales. Dice el artículo que existen unas 325.000 aplicaciones vinculadas a la salud. Obviamente no todas fiables, de hecho, hay una entidad que las analiza y valida, o no, según distintos parámetros.

Creo que esto de convertir una utilidad del teléfono móvil en un asistente para la salud tiene que tomarse con moderación. Bueno, un poco, como todo en la vida. Es decir, que no lo podemos rechazar de plano ni adoptarlo como una receta milagrosa. También muchas informaciones insisten en que los humanos somos insustituibles por muy habilidosos que sean los robots o las creaciones tecnológicas. Tampoco los profesionales debemos claudicar de nuestro papel de cuidadores ni permitir que la máquina intermedie en nuestra relación. Un poco “Aprende a escuchar tu cuerpo” pretende lo contrario: quiere que la relación entre tu yo interno, tu cuerpo, tus emociones y tu manera de estar en el mundo estén lo más conectadas posible a un nivel íntimo. Se trata de que tú – y si quieres con un empujoncito nuestro – seas más tu que nunca, más autónomo, más feliz y más capaz que nunca.

Parece que algunas utilidades para el seguimiento de las variaciones de la glucosa en sangre son muy interesantes. Personas que sufren diabetes, malaria, hemofilia e incluso enfermedades psicológicas y psiquiátricas se benefician del seguimiento online. De entre las aplicaciones valoradas por la Fundación iSYS me llama la atención la llamada Cachtmypain, una especie de diario del dolor. La desarrolla una empresa privada en colaboración con instituciones suizas. Como muchas otras empresas toman los datos generales, no sensibles, para obtener muestras comercializables sobre el comportamiento y la evolución del dolor. Es bueno como terapeuta tener una información rigurosa de las sensaciones de los pacientes, incluso recomiendo hacer un registro que permita recoger lo que el cuerpo nos dice, lo que escuchamos del cuerpo, pero nada puede sustituir el cara a cara, la mirada sincera, el gesto transparente y todo aquello que no saben hacer las máquinas.

Todos los santos era el nombre que tenía la fiesta de cariz religioso que nos obligaba hace décadas a ir al cementerio si o si a honrar a los allegados fallecidos. Después se fue hablando más de la castañada y ahora parecemos invadidos por el halloween foráneo . Los rituales según las edades han ido cambiando. No sé si estáis de acuerdo conmigo, dibujaría tres escenarios diferentes. El más antiguo de las flores de plástico, la bayeta para sacar el polvo al mármol de las lápidas y los nichos y las largas colas para entrar al cementerio. Es todavía cultivado por la gente más mayor, sobre todo mujeres. La mediana edad piensa más en los panellets (*), cava y la verbena de otoño. La humareda de las paradas de castañas y boniatos contrastan con las buenas temperaturas que el cambio climático mantiene mucho más allá del verano. La víspera del primero de noviembre se agradece por que nos permite encontrarnos con amigos sin pensar en madrugar. Para los crios y los adolescentes, según el dictado de los medios globalizadores, es tiempo de disfraces, de bromas, de darse sustos unos a otros, de exigir caramelos y de jugar con calabazas. No sé hasta qué punto el no pararse a meditar sobre el fin de la vida no es la pérdida de una buena oportunidad.

Yo no le tengo un miedo especial a la muerte, hablo de ella sin problemas. De hecho, mi libro “Aprende a Escuchar tú cuerpo” explica que dos muertes – muy especialmente la de mi tío el barítono Vicente Sardinero – han marcado seriamente dos momentos significativos de mi vida el de escoger profesión y el de luchar para ser el mejor en lo que hago. Todos los que nos dedicamos a la salud vemos en la muerte un fracaso. A nadie se le puede reprochar soñar con tener siempre a cerca aquellas personas a las que uno aprecia y valora. Pero a veces hay que aceptar el fin de la vida física de las personas incluso del fin de nuestra propia vida.

No hace mucho hubieron cambios legislativos sobre el Derecho a Morir dignamente. Parecería que estamos más cerca de escoger morir dignamente como cada día escogemos vivir dignamente. Hay mecanismos para dejar constancia de la propia voluntad si nunca perdemos la capacidad de comunicarnos. Tal vez estos días podemos hacer dos cosa: la primera agradecer a los que no están su maestría, su influencia y si hay nada pendiente cerrarlo con uno perdón. La otra cosa sería en nuestro propio final e informarnos sobre el papeleo. Por que precisamente por que amamos la vida y luchamos por que sea sana, llena, intensa, consciente no tenemos que tener miedo a la muerte. La muerte tiene en nosotros unos clientes difíciles de captar.

*Dulce típico catalán que se hace con almendras y huevo.